No coinciden ni siquiera en los pilares que mantienen las leyes de civilidad y buenas costumbres: futbol, política y religión.
No comparten código postal ni ciudad de residencia.
No hablan la misma lengua.
No viven al mismo tiempo.
No miden con la misma vara.
No se deleitan con la misma música.
No disfrutan paladear la misma comida.
Ni bebida.
No caminan las mismas calles.
No leen el mismo libro.
No escriben la misma palabra.
No tienen la misma familia.
No los mueven los mismos motores.
Hombre desconfiado, pesimista y gris.
Mujer cándida, optimista y roja.
Transitan sendos túneles, sin atisbo de Ventanas.
-¿Dónde nos encontramos entonces?- dijo ella.
-En el día a día- respondió él.
O más o menos fue así.