Fogosa primavera
Como Vaga de ley que soy, dejé pasar un tren para poder viajar sentadita.
El tiempo pasaba sin que yo pudiera percatarme gracias a mi acompañante eterno. En este caso, era don Julio.
Cierta inquietud en el ambiente logró enviarme alguna que otra señal de alarma. Miré el reloj. Cuarenta minutos habían pasado desde el horario programado para la partida.
La inquietud de la gente, se acrecentaba en cuestión de minutos. Más resoplidos. Más llamados a familiares, amigos y/o allegados, avisando que los trenes no estaban saliendo, o tratando de encontrarse de un andén a otro, o incluso entre vagones. Más niños llorando, de hambre, de sueño, de puro fastidio respirado.
El señor que vive dentro de los parlantes, nos comunicó monocordemente que por problemas gremiales, todos los trenes habían sido cancelados...
Y la gente, "la gente", como unidad toda, se volvió loca.
Yo seguía sentadita, con la esperanza y la triste seguridad que le sigue a la costumbre, de saber positivamente, que en cuestión de minutos u horas, todo iba a volver a la normalidad.
Prefería quedarme ahí donde estaba en vez de tener que enfrentarme a "la gente".
Y ahí me quedé.
Hasta que un muchachín se tomó el trabajo de correr a lo largo del andén, gritando para que nos bajemos:
- Fuego! Fuego! Bajense! Bajense que prendieron fuego el tren.
Y me bajé.
Horrible. La atmósfera. Era esa sensación que tuvimos aquel 20 de diciembre.
Seguía en el final del andén. El fuego en los primeros vagones. Pero muchísima gente tapaba la salida.
Desde lejos no se podía ver casi nada. Corridas varias, gritos, golpes múltiples. Chorros oportunistas, y gente cansada, podrida, harta.
Cuando aparecieron policías, no lo dudé ni un segundo.
Prefería enfrentarme al fuego antes que a la federal...
Corrí los 100 metros llanos por el único lugar donde no había gente...pegadita al fuego...arrastrando a una chica con la que habíamos compartido las últimas horas, que tenía un ataque de nervios la pobre...
Salimos. Sin saber si habíamos hecho un buen negocio. Los alrededores de Consti...en fín.
Taxi. Con mi nueva compañera de salidas de emergencia, y una pareja de gashegos divinos. Gashegos de verdad, de Galicia...55 años en Argentina.
En el ameno clima del taxi. Nos reíamos.
Y yo pensaba...acá no había piqueteros, ni estaba quebracho...ni los terribles montoneros!!!
Sólo había gente. La gente.


p dijo
la gente perdimos la paciencia
28 Septiembre 2006 | 12:24 AM