El Snickers, para mi paladar, es el chocolate más exquisito que ha probado. Y cada vez que le regalo una saboreada snickerial, mi P (mi paladar desde ahora) sonríe agradecido.
Como bien pueden imaginarse, mi P no es amateur…es un profesional si de chocolates se trata, (bueno no sólo chocolates, desde ya que tiene un Doctorado en Alfajores, un Master en Caramelos y un Curso de bocaditos varios).
Si bien tiene algunas fijaciones en particular, al momento de entrar al Kiosco, mi P comienza a dudar y me tiene parada frente al azorado kiosquero durante extensos minutos.
Es una duda absolutamente económica, y analiza ganancias y pérdidas casi como si fuera una calculadora (no debe olvidarse que después de la devaluación, los artículos kiosqueriales han sufrido aumentos del calibre de nuestro sufrimiento por esos aumentos).
Mi P sabe que el Snickers es caro, (“difíciles las cosas bellas”) y es por eso que en general lo deja de lado, por pura gula, tan sólo para poder comprar más cantidades de chocolate a igual o menor precio, termina eligiendo algún alfajor, unos cuantos Sugus y algún chocolate de tamaño considerable, pero paupérrimo sabor.
Y es por eso que mi P había mandado al Snickers al arcón de los bellos recuerdos, por una simple diferencia entre cantidad y calidad, y se conformaba con acariciar un D (prefiero no poner la marca por no herir los sentimientos del dueño de la fábrica en cuestión).
Pero el otro día mi P recordó, y por eso volvió a saborear un Snickers, porque recordó que vale mucho más que los pesos que cuesta, que los D, los alfajores y los caramelos que estaba perdiendo por elegirlo. Ese día mi P fue completamente feliz, porque la niebla se despejó y pudo volver a ver su faro, pudo ver que el fin de todo P es saborear los más exquisitos objetos (eso no quita que tenga que saborear otros, sino que recordó cual era su fin, simplemente eso) y aunque vuelva a acariciar un D, puede darse cuenta que no le alcanza.
Ya no se conforma con un D, él sabe que existe la posibilidad de saborear un Snickers, y ante esa posibilidad, él quiere un Snickers.
Si quiero que mi vida sea Snickers, no elijo Daquis. ( lo lamento Señor dueño de Daqui)
Simplemente, mi P y Yo nos habíamos olvidado un poco, pero nos tomamos el Vino del Recuerdo del amigo Dolina.