Fidel o San Francisco

Seguimos con don Oswaldo.
23 Octubre 2006

Seguimos con don Oswaldo.
19 Octubre 2006
Podrían ser las manos de la protesta
Las del silencio.
Las del miedo.
Las del grito.
Las insaciables.
Las de la ira...
Hoy elijo las de la ternura.
1 Septiembre 2006
Dejadme por favor vivir mi vida,
amándola,
mordiéndola,
quitándole el veneno,
limpiándola.
Dejadme que me salve o me condene,
dejadme que vomite,
que sangre,
que sonría,
que cante por el fin de tanta guerra,
que llore por la guerra de los fines.
Dejadme que en silencio
escriba en vuestra culpa una sentencia,
que borre la sentencia de la culpa.
Dejadme que me hunda,
que gima,
que flote en lo intermedio,
que sueñe,
que pueda en una esquina
pisar un alacrán inofensivo.
Dejadme cuantas veces
firmar cada recado sin mi nombre,
dejad que me equivoque,
que escupa,
que piense,
que llame con bondad al malo bueno,
que llame con maldad al bueno malo.
dejadme simplemente
que cuente por decenas,
qué coma con la izquierda,
que te ame sin remedio.
Dejadme por favor vivir mi vida,
que escape,
que reniegue,
que grite por las lluvias que se enlodan,
que ría por el lodo que se enlluvia.
Dejadme si queréis la trampa abierta,
que caiga el corazón con todo el peso,
dejad, pero dejad
afuera de la trampa mi cabeza.
VIOLETA LUNA
30 Agosto 2006
¡Deja sobre tu seno que ruede mi cabeza
como una flor pesada de pena y de pasión:
que amor burla con gracia sutil toda certeza
y la cabeza siente, pues piensa el corazón!
De este divino engaño cuando la farsa empieza,
truecan sabios sus alas Sentimiento y Razón:
¡y el pensamiento es todo ternura y ligereza
porque el sentir es todo cordura y reflexión!
A tiempo se repite la fama de esta ambigua
y dolorosa farsa, ¡tan nueva y tan antigua!
y es siempre igual el fondo y análoga la acción.
Empecemos de nuevo la divina comedia,
hoy que la duda, Amada, mi corazón asedia,
que esta vez... ¡quizá olvide que él lleva la razón!
Ernesto Noboa y Caamaño
17 Agosto 2006
"¡AL SUELO LA PIRÁMIDE!
QUE PASE EL GRAN RODILLO"
Hoy por hoy, el júbilo es mentira
y la alegría es una máscara
para ocultar el miedo y la vergüenza.
No caben más que la denuncia,
la lucha, el juramento.
Hay que alistar las armas. Todas las armas,
las nobles, por supuesto.
Falta mucho: casi todo.
Urge que se hunda la pirámide
exornada en la cúspide con pieles de morueco,
heráldicas pamplinas y lustres de oropel.
Que caigan los fetiches,
Hay que abolir las humillantes dádivas
que encallecen las almas
y retuercen las manos que dan y que reciben
y poco a poco las transforman en garras.
No es el remedio.
No es más que hurgar y extender la llaga
pretendiendo curarla
con paños tibios y vendajes de humo.
Es admitir el mal y afianzarlo,
justificando la injusticia.
Hay que extirpar el cáncer.
No derechos pintados en las puntas
de los vientos que giran
en las veletas de las torres señoriales.
No libertad de pájaros que se rompen las alas
en los barrotes de la jaula.
No ideas, ni ideales
prefabricadas en moldes y en hileras.
No el equilibrio de los platillos
de una balanza en el vacío.
No la igualdad medida
con elásticas cintas de papel salpicado
de volátiles moscas entíntadas.
No son libres las manos que tienen que escoger
entre el esqueleto y la cadena.
No son iguales los que compran
y los que venden hambre.
No hay estómagos en abstracto,
ni desnudeces metafísicas.
Es mendaz la simetría
que aparentan las líneas dibujadas
con las menudas calaveras
que hacen de letras en los Códigos.
Lo que es, no puede ser. No debe ser.
¡Al suelo la pirámide! Que pase el gran rodillo
allanando los campos y caminos
y la vida despliegue sus escenarios múltiples
con similares perspectivas
para todas las manos en laborioso empeño,
para todos los ojos prendidos
al verde sol de la esperanza.
MIGUEL ÁNGEL ZAMBRANO
11 Agosto 2006
Intocada
y la siento con gemido de animal herido
y la percibo en la materia abrasadora del volcán
y es puntual en su presencia como la salida del sol.
Leve
y sin embargo desata en mí huracanes
más allá de la arcilla y del agua
y se mantiene en la piel, en el gesto, en el silencio
y no corroe, ni entorpece el corazón
porque no es su fin
porque es apenas el comienzo
porque espera develar el hondo misterio
de los seres, quiere abrir y buscar las enormes gavetas
donde moran, tiempo y soledad, alarido y muerte.
Vacilante
y sin embargo parece ser fuera dueña de mucha valentía
y sin embargo a veces la encuentro en lo gris y en lo compacto de un muro
y a veces también, se me derrama por los cuatro costados de ternura.
Mía
a pesar de todo, me pertenece
y jamás he renegado de ella
porque parte de certera emoción
porque juntas hemos visto amanecer el día
y muchas veces nos sorprende la oscuridad tratando de entendernos
porque donde yo vaya estará ella
y donde ella se deje oír
no cambiará mi latido
por todo lo que os digo
amo, a esta intocada, a esta leve, a esta vacilante, a esta mía
palabra.
MARÍA CRISTINA GARCÍA
8 Agosto 2006
Hay tardes en las que uno desearía
embarcarse y partir sin rumbo cierto,
y, silenciosamente, de algún puerto,
irse alejando mientras muere el día;
Emprender una larga travesía
y perderse después en un desierto
y misterioso mar, no descubierto
por ningún navegante todavía.
Aunque uno sepa que hasta los remotos
confines de los piélagos ignotos
le seguirá el cortejo de sus penas,
Y que, al desvanecerse el espejismo,
desde las glaucas ondas del abismo
le tentarán las últimas sirenas.
Ernesto Noboa y Caamaño
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